Cuaderno de bitácora de un docente descreido. Primera semana de septiembre. Aun no hay alumnos a los que atender. El año se presenta más relajado que el anterior, una vez me he liberado de todos los órganos de gobierno que tanto trabajo y desazón me dieron el año pasado.
Comienzo con el planteamiento de nuevos proyectos. Porque eso es lo importante, porque eso es fundamental. Que cada año haya proyectos nuevos, cosas nuevas que hacer, labores nuevas que realizar, retos nuevos, maneras nuevas de trabajar, nuevos módulos, nuevas asignaturas.
Porque los alumnos, con los años, tienden a ser los mismos, tienden a poseer el don de la eterna juventud mientras el docente envejece. Y el envejecimiento siempre afectará al cuerpo, pero no debe afectar al espíritu. Y si hay nuevas labores que realizar, nuevos retos, nuevas maneras de trabajar, nuevos módulos o nuevas asignaturas, yo seguiré siendo un poco joven. Y no caeré en la desidia, en el aburrimiento, en la monotonía.
Debemos evitar que todos los cursos sean iguales, que cada año sea una repetición del anterior. Porque aunque hay cosas que solo da la experiencia, que se aprenden a base de repetir, podemos caer en la tentación de pensar que las mentiras y los errores que repetimos año tras años son menos mentira, no son tales errores.
Durante la segunda semana debo concretar todos estos proyectos nuevos para ponerlos en marcha cuando me encuentre de nuevo con los alumnos, que aunque serán nuevos, serán un poco los de siempre.
Y yo trataré de ser un poco mejor.
sábado 6 de septiembre de 2008
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