domingo 23 de noviembre de 2008

Échenlos a todos.

Grandes economistas, superhombres de profundos conocimientos mercantiles y nóminas escandalosas, dueños del mundo conocido, amos de nuestras almas y nuestros consumos.
Todos éramos conscientes de la insostenibilidad del sistema, todos habíamos oído hablar de la burbuja inmobiliaria, era obvio que el crecimiento debía tener un límite, que había que guardar para tiempos de vacas flacas. Sabíamos que las cosas cambiarían a corto plazo.
¿Y ellos?
Si hemos caído en esta crisis por su incompetencia, porque ellos no vieron lo que todos habíamos visto hace tiempo, porque pese a sus conocimientos y sus nóminas estaban ciegos ante la situación, deberíamos echarlos a todos por ignorantes, por lerdos, por estúpidos y por estar cobrando cifras insultantes por un trabajo para el que no estaban preparados.
Si hemos caído en esta crisis porque, aun siendo conscientes de la situación que se avecinaba, no hicieron nada porque saben que ahí estará el estado para sostenerlos, que ahí estará el pueblo para pagar sus desmanes y sus sueldos, porque en pocas palabras les importamos un carajo y lo que de verdad les importa son sus honorarios y réditos. Si hemos caído en esta crisis porque a ellos les ha dado la gana. Entonces deberían ser procesados, juzgados y condenados. Deberíamos echarlos a todos por corruptos, rastreros, sátrapas indecentes.
Ahí está su situación. O eres un imbécil o eres un miserable.
Pero continuarán ahí, porque siempre ha sido así.