La política de los paises democráticos del primer mundo se encuentra envuelta en una paradoja, en un enredo que a veces maniata a nuestros mandatarios y los hace comportarse de manera aparentemente torpe.
Y es que para ejercer el poder, precisan de nuestros votos. Para lograrlo, usan las podermosas herramientas de marketing y publicidad, que se acaban transformando en una especie de pan y circo. Se ha traducido en consumismo feroz y enfermizo.
Pero por otra parte, son esclavos de las grandes multinacionales, de las grandes fortunas a las que sirven de rodillas. Encontraremos dirigentes de verbo agresivo, pero a la hora de actuar dejan que su espalda sea el felpudo de los auténticos dueños del mundo.
Actúan con total servilismo. Todas las actuaciones están condicionadas por el beneficio de unos pocos. Ha sido así desde tiempos inmemoriales, sucedía en la antigua grecia, bajo el imperio romano, el feudalismo. Las revoluciones nunca han servido de nada. Todo es una trampa. El sistema ha funcionado así tantos años que la madeja es imposible de desliar.
No tengo esperanzas.
Unlos seguirán pasando hambre. Seguirán muriendo. Otros llenarán sus arcas. Han cambiado poco.
Quizá sea inherente a la naturaleza humana.
Pero me da asco ver las caras de los siervos llenándose la boca con palabras vacías: cooperación, igualdad, servicios públicos, distribución de la riqueza.
viernes 21 de noviembre de 2008
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