Las casas son lugares donde debe vivir gente. Las casas son importantes. La especulación con la vivienda no es ética. La especulación con la vivienda es inconstitucional. En un juego cruel, el precio de la vivienda se elevó a niveles inasumibles; los bancos se encargaron de amarrar a quienes necesitaban un techo, que debieron vender su alma, su sueldo, su vida, a una entidad financiera. Hipotecas a veinte, cuarenta, cincuenta, setenta años. Hipotecas que se llevan el cuarenta, cincuenta, setenta por cien del sueldo. Un ministro eufórico que declara que la vivienda sube porque la gente lo puede pagar. Ahora criticamos una crisis que, en su momento, fomentamos para conseguir hacer más ricos a los ricos. Más pobres a los pobres.
¿Dónde estaban los padres de la patria, los defensores de la constitución, cuando promotores, constructores, grades propietarios de solares, especulaban con el suelo, con el ladrillo, con la vida de las personas, con afanes puramente económicos? ¿Por qué no se habló entonces de constitución, como se habló de constitución en otros foros? Hay inconstitucionalidades de primera y segunda categoría. Y cuando afectan a la economía de los superhombres las leyes cambian su sentido.
Porque las leyes son la herramienta del estado que evita que los pobres, los ciudadanos de a pie, saquemos los pies del tiesto.
El último año ha sido el más productivo, a nivel alimentario, de la historia de la humanidad. Nunca en la historia se ha producido tanto alimento. Sin embargo, la especulación y las leyes de mercado han originado que los precios de los alimentos se disparen. Han sido los intermediarios, señores, porque la mayor parte de los productores siguen siendo pobres como ratas. Hablamos de productores de café y cacao en Sudamérica, agricultores africanos, asiáticos. Sobreviven con lo mínimo mientras, desde los despachos, los brokers se hacen ricos especulando con su mercancía. Y la subida en los precios de los alimentos ha originado hambrunas. Y las hambrunas significan gente pasando hambre, gente muriendo de hambre, niños muriendo de hambre.
Pero las leyes del mercado son firmes. Nadie puede saltarse las leyes de mercado. Esencialmente debido a las personas a las que esas leyes beneficia. El liberalismo no deja un respiro. Ni un rescoldo.
Los estados sacarán del aprieto a las multinacionales en momentos difíciles. Si esto sucediera en países subdesarrollados hablaríamos de intervencionismo.
¿Por qué nadie pidió subir los impuestos en momentos de vacas gordas, para solventar estos problemas, para evitar que el estado entre en déficit?
Lo siento, soy un demagogo.
Y manda quien manda y gobierna quien gobierna. Las naciones son marionetas en manos de las grandes fortunas.
Soy pesimista.