Que vivimos en un país de chiringuito (o pandereta, o guirnalda y podría seguir escribiendo mil atributos populares y populosos) es algo de lo que doy buena cuenta de cuando en cuando. Pero en el momento en que la política nacional entra por esos derroteros, uno no puede evitar irritarse. La polémica de las escuchas ilegales me desquicia. Sobre todo porque pasará el tiempo, echaremos tierra y todo quedará en nada.
Y esto no puede quedar en nada.
Porque este mismo asunto, destapado por el WP en USA le costó el puesto a Nixon y de confirmarse sería de esperar que les costara el puesto a ZP y Rubalcaba cuando menos. Es decir, el asunto es muy grave.
Pero si no hay pruebas, si la historia no se confirma, si no hay un tribunal que dicta una sentencia inculpatoria, estaríamos hablando de una difamación extremadamente grave. Y quien ha hecho saltar la liebre debería pagar por ello.
Mi vaticinio es que todo quedará en palabras y cruces de acusaciones. Los votantes de uno y otro partido quedarán contentos, los unos porque no se demostrará su culpabilidad, los otros porque darán la culapabilidad por demostrada.
Y quienes jamás votaríamos a un político capaz de mentir, engañar, lanzar falsas acusaciones, promover escuchas ilegales, nos quedaremos mudos. Como siempre.
miércoles 12 de agosto de 2009
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