viernes 30 de enero de 2009
Silogismo
Si las verdades a medias son las peores mentiras ¿podemos concluir que la democracia mal entendida es la peor de las dictaduras?
jueves 29 de enero de 2009
El valor de las cosas.
En las relaciones humanas, la sinceridad y el sexo están sobrevalorados.
Cuando preguntan qué buscas en una pareja suele oírse eso de: ""que sea una persona sincera"
Cuando en realidad preferimos que nos digan lo que queremos oir a que sean sinceros con nosotros.
En general nos gusta definirnos como buenos amantes. Y nos resulta casi insoportable la dura realidad de que, alrededor nuestro, hay cientos y quizás miles de personas que satisfarían sexualmente a nuestra pareja mejor que nosotros.
Porque en las relaciones humanas hay cosas más importantes que la sinceridad y el sexo.
Cuando preguntan qué buscas en una pareja suele oírse eso de: ""que sea una persona sincera"
Cuando en realidad preferimos que nos digan lo que queremos oir a que sean sinceros con nosotros.
En general nos gusta definirnos como buenos amantes. Y nos resulta casi insoportable la dura realidad de que, alrededor nuestro, hay cientos y quizás miles de personas que satisfarían sexualmente a nuestra pareja mejor que nosotros.
Porque en las relaciones humanas hay cosas más importantes que la sinceridad y el sexo.
jueves 22 de enero de 2009
Los presupuestillos de un país de pandereta.
Cada dos por tres nos encontramos en la prensa con estadísticas sobre nuestro producto interior bruto, siempre en consonancia con el colectivo funcionarial que esté en disputa en ese momento concreto (ahora le toca a la justicia). Y nos hemos ido enterando de cosas como que:
Nuesto producto gobierno destina mucho menos porcentaje de su producto interior bruto (y hablaré siempre de porcentaje, no de cantidades brutas ni netas, que no nos vamos a comparar con Alemania) a la justicia que los países de nuestro entorno.
Nuestro gobierno destina mucho menos porcentaje de su producto interior bruto a la educación que los países de nuestro entorno.
Nuestro gobierno destina mucho menos porcentaje de su producto interior bruto a la investigación que los países de nuestro entorno.
Nuestro gobierno destina mucho menos porcentaje de su producto interior bruto a la protección social que los países de nuestro entorno.
¿En qué coño nos estamos gastando el dinero?
Nuesto producto gobierno destina mucho menos porcentaje de su producto interior bruto (y hablaré siempre de porcentaje, no de cantidades brutas ni netas, que no nos vamos a comparar con Alemania) a la justicia que los países de nuestro entorno.
Nuestro gobierno destina mucho menos porcentaje de su producto interior bruto a la educación que los países de nuestro entorno.
Nuestro gobierno destina mucho menos porcentaje de su producto interior bruto a la investigación que los países de nuestro entorno.
Nuestro gobierno destina mucho menos porcentaje de su producto interior bruto a la protección social que los países de nuestro entorno.
¿En qué coño nos estamos gastando el dinero?
domingo 18 de enero de 2009
El miedo al azar.
No hay semana en la que alguien no me presente algún método, presuntamente infalible, para adivinar sin margen de error el sexo de mi futuro hijo. Incluso uno puede ver en televisión reportajes en los que algún espabilado o espabilada, disfrazado con bata de pseudocientífico al uso, nos recomienda su libro en el que nos ayudan a elegir el futuro sexo en función del día de la semana en el que lo engendras, la dieta que sigues o las posturas sexuales que practicas. Muy lúdico, pero ¿de dónde derivan todas creencias, todos estos mitos? Del mismo lugar del que provienen los adivinos, adivinadores, futurólogos, astrólogos, sacerdotes, predicadores...
Del miedo al azar.
El azar es aterrador. Nos cuesta vivir pensando que una mañana cualquiera el ascensor se puede descolgar con nosotros dentro, que nos puede caer una teja en la cabeza, atropellar un autobús urbano o sencillamente podemos enfermar. Por esa razón nos gustan tanto los cánceres de pulmón de los fumadores o los tumores hepáticos de los alcohólicos (si, estoy parafraseando a House): nos da una cierta sensación de justicia, eluden en cierto modo el azar, porque pensamos que en parte lo merecen, sabían a lo que se exponían cuando fumaban y bebían. No dudamos en calificar al resto de tumores y cánceres como irracionales o injustos. Cuando la realidad es que es simple cuestión de azar y el alcohol, el tabaco y la mala vida solo tuercen un poco la balanza.
Incluso nos gusta desarrollar teorías lúdicas, como la de Murphy (alabado sea) en la cual culpamos a las cosas y a su voluntad maliciosa. Las cosas nos odian. Millas ha escrito últimamente un libro relacionado con esto.
Las religiones, la futurología, la astrolgía, tratan de solventar el mismo problema, el absurdo del azar. Metiendo a un dios o a un destino por el medio el día a día nos resulta más soportable, porque es muy duro pensar que el mundo no es justo o injusto, solo se rige por las leyes de la casualidad. Y uno puede ser un villano toda su vida y tener la suerte de vivir un montón de años y ser feliz a costa de la infelicidad o desgracia ajena. Los creyentes al menos tienen un infierno que pasa el rasero. Yo no creo que haya rasero, simplemente gente desafortunada. Y gente amoral, entre los que se incluyen ateos y creyentes, por supuesto.
El azar domina incluso el mundo de la física, las partículas no se rigen por leyes rígidas, sino por las leyes de la probabilidad y un átomo no se encuentra en una posición determinada, sino que tiene más probabilidades de encontrarse en una posición que en otra. Científicos de primer orden, como Einstein, no fueron capaces de asumir tanto azar y declaró la famosa frase (tantas veces sacada de contexto): "Dios no juega a los dados".
Dios puede que no, pero nuestro mundo sí que parece un juego de fortuna.
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martes 13 de enero de 2009
No a la Guerra.
Abrazándose a una bandera, a una religión, a un pueblo y al derecho a la autodefensa de un país tratan de acallar nuestro clamor, tratan de quitar significado a nuestro grito.
No a la guerra.
No hablamos de banderas, de religiones, de pueblos, defensa ni países. Solo nos mueven las muertes absurdas, los niños que no llegarán a adultos. Nuestro grito es muy sencillo.
No a la guerra.
No apoyamos a Hamas, ni a Palestina, ni a Israel, ni a EEUU, ni a Rusia, ni al comunismo, ni al anarquismo, ni a la globalización, ni a la antiglobalización, ni al capitalismo. Solo clamamos.
No a la guerra.

La moral del ateo.
A la entrada de mi pueblo hay un gran cartel que anuncia el año santo de Covadonga, 2008. Continuamente asistimos a programas de televisión de carácter religioso. Anuncios que promueven ayudar económicamente a la iglesia en la temporada de declaración de la renta. Escuchamos canciones con componente marcadamente religioso. Podría seguir poniendo ejemplos, pero no quiero aburrir ni aburrirme.
Sin embargo cuando un grupo de ateos hablan de colocar carteles en los autobuses urbanos de una ciudad, se monta el follón. Los programas de la televisión entrevistan a pié de calle a los peatones, consultando si les parece apropiado. Los prohombres del país opinan. Titulares en los periódicos. Artículos de opinión.

¿De qué coño va todo esto?
Todo el mundo puede expresar su opinión, airear sus creencias, hacer proselitismo de su religión. Y no pasa nada. Si eres musulmán y vas a la mezquita te mirarán raro, pero no te criticarán. Reza a su dios, dicen.
En cambio, como te declares ateo, la cosa cambia. Ni pensar en intentar convencer a nadie de que quizás dios no exista. No se si es que se imaginan que acto seguido vas a salir de casa con la tea a quemar iglesias, matar curas y violar monjas, o algo por el estilo. Es como si un viera en cada creyente a un torquemada. Qué se yo.
El problema estriba en que vivimos en un mundo en el que el ateísmo se considera inmoral, o lo que es lo mismo, se teme que si eres ateo carezcas de moral. Claro, como no cree en el cielo, no tendrá escrúpulos por pecar, tiene su lógica. Es la forma en la que las religiones se arrogan la moral absoluta. Olvidando que uno puede amar al prójimo sin amar a dios, o tener perfecta conciencia del bien y el mal sin que el mal le suponga un eterno castigo postmortem.
¿Por qué en las escuelas existe una asignatura de religión, en muchos Centros se imparten religiones minoritarias en la sociedad española y sin embargo la alternativa al estudio de una religión es el estudio de la historia de las religiones? ¿Por qué ningún Centro educativo imparte ateísmo? Podríamos desarrollar un currículo en el que se explicase que todas las religiones incurren en contradicciones, usan el miedo como estrategia de apropiación, que probablemente el hombre creó a dios y no lo contrario.
Correrían ríos de tinta.
Y un servidor lo disfrutaría de lo lindo.
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