No sé si es algo general, ocurre en otros países o sólo en este. Pero me parece muy poco serio que una misma persona pueda ser ministro (o ministra) de sanidad, administraciones públicas y economía. En un mundo tan profesionalizado, tan especializado, nadie posee conocimientos profundos de muchas materias, eso ya se dejó atrás en el renacimiento. Es decir, uno ya ni siquiera puede ser buen economista, así a secas, igual que no puede ser médico a secas y tendrá que especializarse en medicina general y ser médico de familia, en el sistema nervioso y será neurólogo o en el sistema renal y será nefrólogo.
Con los ministros nos encontramos con que uno puede ser ministro, así, de profesión. Y ser capaz de manejar los designios de una nación en materias tan distantes.
A lo que nos lleva es al hecho de que el ministro es una simple figura, un ente negociador que toma decisiones sin conocer a fondo las consecuencias de estas decisiones, basándolas en lecturas someras de informes de sus subordinados, que esperamos de corazón que sí sean especialistas.
Así va el mundo.